Eligiendo el mal menor
Llegamos a diciembre, las
primeras chacras de trigo empiezan a mostrar muy buenos rindes, si bien los
niveles de proteína resultan dispares, el resto de los indicadores (peso
hectolítrico, Falling Number, etc) resultan, en promedio, aceptables. De no
mediar ningún desastre climático, el trigo llegaría bastante entero al final de
la presente zafra, lo que no es poco considerando las últimas cuatro campañas y
todavía más cuando todas las voces técnicas respetadas han venido hablando del
año Niño más marcado de los últimos cincuenta años para este último trimestre
de 2015.
Entonces, lo que por el otoño de
2015 resultaba a todas luces una aventura dados los últimos antecedentes y
amenazaba de hecho con profundizar todavía más los déficit financieros de los
agricultores – con cuentas ya castigadas por una soja 2014 para el olvido –
parecería ahora permitirles afrontar de otra forma el futuro próximo. Lo que
parecía ser rojos más intensos y pasivos más gruesos, ahora tiene todo para
alcanzar un alivio financiero, mover la línea de crédito y honrarla e incluso
aumentar la disponibilidad de caja tanto para cubrir los créditos abiertos,
como para – en el mejor de los casos, o sea: los menos – llegar a subsidiar en
algo el precio mínimo requerido de la próxima soja. En otras palabras: bajar el
costo por tonelada, desde el arranque, lo que no es otra cosa que arrancarle
dólares al mercado, en este caso en el físico, como se hace con los futuros.
Siendo 1º de diciembre, todo esto
son buenas perspectivas y expectativas. Las cosas no se dan porque sí ni nadie
regala nada. Si lo sabrán eso los agricultores, sobretodo quienes apostaron al
trigo y a la cebada, a cambio de nada. Es decir, sin tener más que en su
espíritu emprendedor y en el de riesgo, propio de la actividad, la esperanza de
que los analistas meteorológicos errasen en sus pronósticos.
Es importante señalar que estos
vientos algo más favorables son únicamente desde el punto de vista productivo,
habiéndose sacado en varias chacras promedios de 3000 kilos por hectárea o más,
lo que siempre es una buena noticia con la mira puesta en atenuar los gastos
por tonelada producida.
De darse este panorama, ¿cuáles
son los peligros? Tenemos una situación comercial, a nivel de precios en el
mundo, como hace tiempo no se daba. Las producciones de trigo se suceden una
tras otra, se sigue produciendo cada vez más, incluso con precios sometidos a
la presión simultánea de una sobreoferta y una demanda selectiva, como hace
tiempo no se veía. Sin embargo, el trigo no funciona como la soja y el mercado
global es mucho más atomizado. No son las Américas – del Norte y del Sur – las únicas
productoras que le venden a un único mercado en China. Hay grandes productores
y grandes – y muchos – demandantes e incluso el mercado funciona menos
libremente que con la soja. La formación del precio queda sujeta entonces a
aspectos más regionales y geopolíticos.
En la región, estamos a nueve
días de la asunción del presidente electo en Argentina. En cuanto a la producción
y exportación de granos, tanto el primer mandatario como el futuro ministro de
agricultura han anunciado durante la campaña electoral, y lo han ratificado en
cuanto foro han tenido oportunidad, que lo primero que van a hacer con la
exportación de granos es eliminar de un plumazo las detracciones (mal llamadas
retenciones) así como los permisos/registros de exportación (ROEs), lo que
dejará manejadas las ventas al exterior al libre funcionamiento de la oferta y
la demanda (no aplica esto para la soja, que está libre de ROEs). A esto se
suma la baja escalonada de las detracciones a la exportación de soja sin
procesar, de 5% anual, desde el 35% actual, lo que en cuatro años de gobierno
debería llevarla hasta 15%.
Se habla que Argentina tiene
varios millones de toneladas de granos (cereales y soja) guardados, como activo
financiero o moneda de cambio por los productores, a la espera de un
sinceramiento en el tipo de cambio y una flexibilización en las condiciones
comerciales de venta, las mismas que están anunciándose.
A la eliminación de las medidas
de administración de comercio exterior ya comentadas, se suma el anuncio de
medidas para llevar al tipo de cambio a una referencia única, lo que cierra el
combo de medidas necesarias para tentar a los productores a deshacerse de su
producción guardada (sin contar la cosecha actual de trigo).
El trasfondo del asunto es la
imperiosa necesidad de ingresar dólares para empezar por mover la economía,
poder hacer frente a los vencimientos financieros de corto plazo, aumentar las
reservas y – en resumen – poder tener bajo control el tipo de cambio, para no
generar problemas colaterales (inflación, etc).
Si algo faltaba para completar
esto, es el anuncio del presidente electo diciendo que su primera visita al
exterior será a Brasil, su principal socio comercial, comprador número 1 de
automotores, alimentos y trigo argentino. Entonces, a las medidas
macroeconómicas señaladas, que a todas luces apuntan a estimular las ventas, se
suma la visita a su principal comprador de trigo.
Lo que puede esperarse de esto es
un productor agrícola tirándose de cabeza a vender lo que de repente no tiene
ningún impuesto a la venta y le resulta más rentable vender. Por la soja, si le
bajan 5%, el precio no se va a acomodar enseguida, si bien puede empezar a
liberar en algo más la venta. Si no hay un tipo de cambio único, tampoco le
conviene al productor vender para no saber cuánto va a costarle a él comprar el
dólar (recibe pesos a cambio de su venta).
En resumen, para un productor que
tiene guardado cereales y soja, tiene que optar por vender primero lo que lo
deje mejor perfilado. Los cereales – trigo y maíz – son los que muestran el
cambio más radical, más rápido. Todo indica que Argentina vuelve a venderle trigo
a Brasil, lo que es empezar a vender volumen a granel (literalmente). Hay que pensar qué pasa cuando un vendedor se
tira a quemar (más que vender) su producción porque, de la noche a la mañana,
lo que no le era atractivo vender, ahora sí le resulta.
Una zafra de trigo que pinta
bastante aceptable desde el punto de vista productivo, no parece ser completa,
considerando que no se vislumbra que sea ésta en la que los precios vuelen. Se
viene un competidor que es un peso pesado y en donde les digan que vendan todo,
lo van a hacer y fuerte. En el mejor de
los casos, Uruguay volverá a vender a Brasil, como siempre que lo hizo Argentina,
subiéndonos en ancas de ellos. Pero ahora con reglas de juego bien distintas.
Que cada uno piense,
sinceramente, cuál es su expectativa de precio cuando Brasil se encuentre de
repente con 3, 4 o 5 (o más) millones de toneladas disponibles de trigo de
excelente calidad de su proveedor habitual, a precios planchados. El nuevo
gobierno toma su cargo el próximo 10 de diciembre y todo lo señalado es lo
primero que manifiesta que va a hacer.
Quizás el precio local actual en
Uruguay todavía sea demasiado bueno y haya que aprovecharlo. Ya habrá otro año
para conseguir el mejor precio posible, que conforme a todos.
FIMIX agrofinanzas
FB: Fimix SRL
Twitter: @infofimix