Ing.
Agr. Carlos Ma. Uriarte
Diciembre,
2015
Luego de una
década de vientos de cola, que nos permitieron vivir tiempos que los que
peinamos canas jamás pensamos poder llegar a vivir, ahora esos vientos parecen
haber amainado, y se nos van poniendo del lado de la puerta del rancho.
No vale la
pena enumerar las dificultades, pues están todos los días en los diarios, en la
televisión, en las radios y en el boca a boca de la gente.
Su principal
consecuencia, probablemente sea el agotamiento de proyectos políticos en la
región, que nos hace prever cambios importantes en el tiempo a venir.
Luego de una
década de crecimiento, aumenta la posibilidad de que vuelvan circunstancias que
muchos de nosotros conocemos muy bien, porque crecimos con ellas, pero hay
varias generaciones de uruguayos (nuestros hijos), que no conocen lo que es
vivir en crisis.
¿Estamos
preparados para enfrentar estos cambios?
Desgraciadamente
es fácil acostumbrarse a lo bueno, pero es muy difícil apretarse el cinturón
cuando las cosas empeoran.
Por eso
miramos el horizonte y preocupados nos preguntamos:
¿Cómo podríamos
hacer para evitar, o al menos disminuir el impacto de esos momentos difíciles?
No es momento de buscar culpables, es el momento de
ser sinceros con nosotros mismos, para reconociendo nuestros errores, edificar
nuestro futuro.
Es el momento de hacer las paces con nuestro pasado,
para que no nos arruine el presente.
Es el momento de encontrar las oportunidades en las dificultades.
Es el
momento de cambiar, y que los intereses personales, sectoriales y/o partidarios, no primen
sobre el interés nacional.
Es el
momento para que quienes nos gobiernan se hagan responsables de sus errores, para
que sean ejemplo, y no lo contrario, lo que no debemos ser.
Es el
momento para que lo que cada uno de nosotros piense sea tenido en cuenta, y no
que el pensar de una minoría intransigente se siga imponiendo al pensar de la
mayoría.
Trabajemos
para que nuestro querido país vuelva a ser ejemplo por su esfuerzo educativo.
Evitemos el cultivo
de la ignorancia, la vagancia y el resentimiento.
Evitemos la
corrupción, la falta de ética, de moral, y de respeto.
Revaloremos
como motivo de orgullo personal a la honestidad, a la rectitud de carácter, a
la palabra dada, a la cara limpia y a la mirada a los ojos.
Es el
momento de revivir valores que hemos perdido, y que son pilares fundamentales
para vivir en una sociedad en paz:
- La familia como base de una sociedad
civilizada.
- La educación como pilar del crecimiento
personal.
- La solidaridad como obligación
ineludible.
- Lo ético como principio básico.
- La integridad como primer orgullo.
- La responsabilidad de nuestros actos, y
de nuestras palabras.
- El orden y la limpieza como forma de
vida.
- El deseo de superación.
- El respeto a las leyes y a los
reglamentos.
- El respeto por el derecho de los demás.
- El amor al trabajo.
- Y por último, la determinación para
lograr estos objetivos.
Permitamos
que estos valores animen a nuestro querido país.
No
permitamos que nos dividan para reinar. El país nos precisa JUNTOS.
Construyamos
un país mejor, donde TODOS los uruguayos vivamos con tolerancia y sin
permisividad.
¿Utopía?
¿Quién sabe?...
nunca es tarde y nada es demasiado absurdo como para dejar de intentarlo.
Por lo
menos, hagamos el intento…
Pensemos que
lo mejor está aún por llegar.
Nuestros hijos se lo merecen y nuestros nietos
nos lo agradecerán.
¡FELIZ 2016
EN FAMILIA!